sábado, 18 de mayo de 2013

El quinto elemento


 Sergio Bizzio, El escritor comido, Montevideo, Criatura, 2012. 171 páginas

Afortunadamente, en los últimos tiempos se ha intentado, por parte de editoriales y librerías, remediar la enorme carencia en la circulación y llegada de libros de autores argentinos de los últimos veinte años. El primer paso fue determinar cuáles eran los nombres importantes de aquel lado del río, aquellos que estaban haciendo cosas interesantes. Luego de acceder a sus libros, comprobar que eran editados por editoriales independientes (medianas y pequeñas), posteriormente animarse a traer el catálogo de esas editoriales y comenzar a disfrutar no sólo de esos nombres importantes mencionados anteriormente sino también de autores desconocidos, nuevos, que resultaban tanto o más interesantes que los ya reconocidos. Un ejemplo de este proceso se puede aplicar a Sergio Bizzio (Ramallo, Buenos Aires, 1956). Nombrado desde hace tiempo como un autor fundamental, principalmente por sus colegas más jóvenes, publicó su primera novela en 1990 pero no fue hasta la excelente Rabia de 2004 o su no menor Era el cielo (2007), que su nombre empezó a circular escasamente en nuestro país.  Sin embargo sus libros no se conseguían en Uruguay, para lo cual había que viajar a Buenos Aires y comprarlos. Ahí uno conocía su obra, realista pero no didáctica, de un despliegue narrativo y una imaginación desbordada muy relacionada con sus coetáneos, Sergio Chejfec, Daniel Guebel, Alan Pauls, Daniel Link. Se trata de autores nacidos en la década del 50, jóvenes durante la dictadura, que comienzan a editar tibiamente en los 80, más emparentados con Copi, Fogwill, Osvaldo Lamborghini, Levrero o Felisberto Hernández que con Cortazar, Arlt o el propio Borges. Una generación que privilegió más el contenido que la forma, o al menos que buscó sus desbordes en lo contado y no tanto en su estructura. Una literatura sin límites, que no debe rendir cuentas más que a si misma, con una relación desatada de los géneros, los cuales eran más concebidos como registros a usarse que como corsés que determinaban una obra.
El último paso, y a veces el más difícil, del proceso mencionado al principio, es publicar esos autores en Uruguay. Criatura editora lo acaba de dar con la publicación de El escritor comido, de Sergio Bizzio.
Publicado originalmente en 2010 por Mansalva, editorial que ha publicado mucho de lo último suyo, El escritor comido cuenta la historia de Mauro Saupol, un escritor de best sellers, más que de autoayuda, de esas ficciones que toman una historia de otras culturas milenarias, un proverbio o una anécdota y en torno a ella hacen girar una ficción con moraleja, enseñanza y reflexión. El hecho de que Saupol sea brasileño, viva en Brasil y haya tenido un pasado de reviente y excesos, lleva inevitablemente a que el lector lo asocie con Paulo Coelho, más allá que el autor en entrevistas aclare que se basó en muchos escritores y no solo en el brasileño. Mauro Saupol cree tener todo, éxito, una linda mujer, mucha plata, viaja por todo el mundo, sus libros se venden en todo el planeta cada vez más. Un día su avioneta cae en el medio de la selva, y Saupol resulta ileso. En lugar de volver a su vida, decide desaparecer y fingir su muerte de modo de ver qué es lo que se dice sobre él. El resultado es muy diferente del esperado por Saupol, y plantea el tema de si el personaje efectivamente estaba preparado para la respuesta o las repercusiones de una devolución del público y la prensa sobre su vida y su obra. Los intentos que hace por volver a su vida, casi arrepentido, resultan golpes aún más fuertes que la indiferencia general ante su muerte y se pierde nuevamente en la selva, donde la novela da un giro (o no) y la vida de Saupol también.
En este punto la novela cambia de registro y se vuelve casi un relato de aventuras a la manera de Joseph Conrad, a quien ya el autor había nombrado como influencia de esta novela en entrevistas. Una investigadora es contratada para buscarlo por la selva, Saupol es de algún modo capturado por aborígenes, y así la cosa va cambiando constantemente. Saupol de famoso a olvidado, la acción de la ciudad a la selva y nuevamente a la ciudad, de relato de aventuras a drama, de la selva americana a Venecia, de escritor vivo a escritor muerto. Los personajes cambian todos, el gran protagonista de esta novela es la metamorfosis, la mutación, el cambio constante.
Al ser un escritor el protagonista, y la novela darle un lugar de preponderancia a su actividad y al ambiente en el que se mueve, las mutaciones también afectan a los conceptos de escritor, obra, y literatura, los cuales van variando, presentando diferentes aristas, que de algún modo los ponen en tela de juicio, los interpelan, los desarman y, de algún modo ridiculizan. Este es un rasgo muy característico de la narrativa de Bizzio, las historias que cuenta, desnudan conceptos incuestionables, los estudia como un service a un aparato que desarma (más que como un forense a un cadáver) y de ese modo les saca el escudo protector que los hacía incuestionables. La política, el arte, el mercado, los escritores, la discriminación, la violencia, la xenofobia, ninguno de estos temas están presentados como protagonistas en la obra de Bizzio, sin embargo son deconstruidos en sus novelas casi sin querer.
El ritmo narrativo de Bizzio es muy eficaz, cuando una parte necesaria para el relato quedó larga o perdiendo la tensión, el autor inserta algo que genera un despertar o un extrañamiento (una pelea entre un salvavidas y el tipo al que está rescatando mientras los dos están en el agua) y devuelve la tensión y el interés. Cuenta una historia sin preocuparse por detalles naturalistas o hiperrealistas (un ruso habla con otro en Venecia y le dice “estamos haciendo mucho bardo”) y logra en una novela de poco más de 150 páginas escribir varias novelas a la vez, en múltiples registros, con personajes que mutan, acciones impredecibles, conceptos puestos en duda, que al final logra lo más difícil, que la historia de un escritor de best seller que finge su muerte, esté presente en cada página del libro mientras el autor lleva su imaginación y la acción a donde quiera. Es libre, su única obligación es con su historia, y a ella la preserva como un quinto elemento.

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