miércoles, 10 de marzo de 2010

Regar las estatuas




Cecilia Sainte-Naïve (selección). Mangueras rojas y azules, Yaugurú, Los Libros de l(a) Imperdible, Montevideo, 2010. 104 páginas

Quizás se deba al rumbo que han tomado las editoriales uruguayas, quizás al poco peso que aún tienen las editoriales independientes (tampoco está del todo claro a qué nos referimos con editorial independiente) en nuestro país y a su papel de vanguardia no solo generacional sino estético, quizás éstas puedan ser algunas de las razones por la cual son extrañamente escasas las publicaciones de mujeres poetas jóvenes por estas latitudes. Digo extrañamente porque sin lugar a dudas, al menos en la poesía rioplatense, quienes han encarado una verdadera renovación en lo estético y una potente reflexión en torno al rol de la poesía y a la necesidad de plantear nuevas formas de vivirla han sido mujeres, ninguna mayor de 40 años. En Argentina han podido realizar esta acción con mucho más eficacia debido a la inmensidad de proyectos editoriales independientes dedicados a publicar nuevos poetas, al fundamental uso de la herramienta de los blogs y a la nutrida agenda de eventos de lecturas, presentaciones y encuentros de poesía realizados al otro lado del río. En esta orilla la cosa se complica un poco más debido a la reducida cantidad de editoriales que publiquen nueva poesía, a la timidez con que aún se afronta el relacionamiento con la publicación en Internet, y a la escasa presencia de lugares en los cuales llevar adelante presentaciones o lecturas, también al escaso diálogo con los nuevos poetas por parte del periodismo cultural y la academia. Cuidado, la abundancia en Argentina de proyectos editoriales que publiquen poesía no es una virtud en si misma, sin embargo descomprime una de las válvulas que más impiden la entrada y salida de aire nuevo en nuestra nueva poesía que es la imposibilidad de publicar.
¿Y del resto de los países latinoamericanos alguna noticia? Pues bien, ahí nuestro desconocimiento es total y solo es posible acceder a nuevos poetas a través de saciar la curiosidad arriesgándose a bucear por Internet, donde si uno no tiene una mínima guía puede estar siglos leyendo cosas muy malas, o concurrir a festivales y encuentros internacionales.
Si consideramos este diagnóstico y lo tomamos como válido, agregándole en el caso de nuestro país, que salvo las autoras de leves best-sellers, las mujeres son poco publicadas (y ojo que la cuotificación no es en absoluto aplicable al arte), esta selección realizada por la uruguaya Yaugurú y la editorial española Los Libros de l(a) Imperdible, es no solo recomendable sino imprescindible para contribuir a revertir en parte esa carencia.
Mangueras rojas y azules, hermoso libro objeto tal como nos tiene acostumbrados Yaugurú, contiene poesías de 11 poetas hispanoamericanas, nacidas entre el 1970 y 1988. Pero más allá de un diálogo generacional lo que aparece fuertemente en las obras seleccionadas es una fuerte vinculación estética, no solo entre las poetas de este libro sino con los temas, las formas y las búsquedas de la poesía actual. Luego, evidentemente del tronco común las ramas salen para diversos lados, pero tienen la característica de cada tanto cruzarse con otra rama y generar un nudo de encuentro.
Algunas se encuentran en el tema del amor (Pamela Romano, Ángela Vera, La cónica), otras en la niñez (Yllari Chaska, Laura Alonso, Karen Plata) y los cruces se continúan en la intimidad profunda (Magalí Jorajuría, Chaska, La cónica), la reflexión sobre la poesía y el género (Jessica Freudenthal, Denisse Vega Farfán, Romano), el sexo (Celeste Diéguez, Paula Ilabaca, Vera), la primera persona fuerte (Jorajuría, Romano), lo ominoso y extraño (Plata, Ilabaca, Romano), lo onírico (Plata, Vera), lo filosófico existencial (Alonso, Vega Farfán, Jorajuría).
Uno de los puntos más interesantes es la forma en que estas nuevas poetas se desentienden de ciertas visiones de determinados temas de la poesía de la década del 80’. Lo que en aquella era planteo político en esta es un poco escepticismo, la reflexión ortodoxa y estructurada de lo femenino en esta es deconstruída, lo que aquella tenía de colectiva esta lo tiene de íntima, el vacío y la muerte como temas tenían la fuerte presencia que la infancia y el sexo liberador tienen en la poesía actual.
Este tipo de cambios, de empatías y controversias, de diálogo y polémica con la generación anterior no es apreciable en ningún otro género, con la claridad y complejidad con que se da en la poesía. Por eso mismo resulta extraño (tan extraño quizás no) que la nueva poesía tenga un lugar marginal en nuestro país, en lo relacionado a la publicación, a eventos, a conocimiento, a discusión. A pesar de eso la nueva poesía, con lo poco y lo mucho que tiene para hacerlo, es lo único que mueve un poco una literatura como la uruguaya, empolvada pieza de museo desde hace un buen rato.