lunes, 1 de febrero de 2010

Las nuevas preguntas viejas


El artista. De Cohn & Duprat. Argentina, 2009
Con Sergio Pángaro, Alberto Laiseca, Andrés Duprat, Enrique Gagliesi
100 minutos

Las preguntas sobre la especificidad del arte, la legitimación y la valoración del hecho artístico, giran siempre en torno a dos o tres cuestiones que permanecen sin una respuesta de consenso hasta el día de hoy. Innumerable cantidad de artistas a lo largo de la historia del arte se ha planteado estas interrogantes a través de sus obras. Sin embargo, a pesar de que se trate de preguntas sin una respuesta definitiva, a lo largo de las épocas resulta fundamental plantear nuevamente las interrogantes, se trata pues, de preguntas que estamos comprometidos a reformularnos una y otra vez. Un nuevo intento lo realizan los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat, dupla relacionada con la televisión (El amante en TV, Cuentos de Terror), el video arte y el documental (Yo, Presidente, Enciclopedia), con El artista, su primer largometraje de ficción.
La película se plantea una de las interrogantes más añejas sobre la cuestión del arte, que tomó un nuevo vigor a partir del mingitorio que expuso Duchamp en 1917, ¿qué hace a un determinado objeto una obra de arte? ¿Quién legitima esa obra? ¿Quién decide que palabra es legitimante y cual no? No extraña entonces que durante el film se mencione reiteradas veces al artista francés, cuya presencia parece atravesar toda la película.
Un enfermero de geriátrico expone dibujos que no son suyos sino de un paciente que apenas pronuncia la palabra pucho. Lo que se genera en torno a la obra de Ramírez (el enfermero) es una ola de snobismo de parte de la fauna de las artes plásticas que ven en Ramírez al nuevo artista de moda. Evidentemente nadie está interesado en ver trabajar a Ramírez para cerciorarse de que efectivamente es el creador de esas obras. La razón es que se mueven convencidos de un precepto fundamental: la obra la hace el ojo que la mira. Esta frase es casi análoga a que el hecho artístico es más importante que la obra, o sea que el contenido que vale de una obra es el que genera una vez que ha terminado. Esto es casi lo mismo que decir que el curador, el crítico, el marchant, el coleccionista, y quizás el público en general, superan en importancia al propio creador de la obra que queda relegado al simple rol de inaugurar una larga serie de significaciones ilógicas. También de algún modo está en cuestión el debate (que en realidad es actual en nuestro país dado el atraso de veinte años que tenemos con respecto a la agenda mundial) sobre una supuesta supremacía de la idea, o el concepto, ante la técnica del artista. En este caso estarían ejemplificados los dos lugares, la técnica de Romano (el viejo del geriátrico autor material de la obra) puesta al servicio de la idea de Ramírez, o viceversa.
La cuestión es que estas problemáticas intentan ser contadas a través de la creación de un ambiente determinado usando la ironía y el humor. Este hecho termina volviéndose en contra de la historia porque acaba por crear un ambiente demasiado caricaturizado, donde progresivamente se van generando algunas cuestiones obvias y demasiado superficiales. Es como si fuera perdiendo acidez el humor empleado, volviéndose con los minutos una parodia facilonga.
Sin embargo la película no cae por varios factores. En primer lugar el trabajo de cámaras de los directores que es absolutamente obsesivo y artístico. Al estilo de Leonardo Favio o de Orson Welles, cada plano parece preparado minuciosamente generando una imagen cargada de belleza hasta en planos de objetos sin belleza como un edificio viejo. Por más que a veces se abuse del encuadre dentro del encuadre, de las tomas en diferentes planos y de los primerisimos primeros planos del viejo, lo que a veces distrae la narración, en general contribuye a cierta atmósfera minimalista que le da sentido a la historia.
El trabajo de cámara es quizás más cercano al de video arte que al de cine. Esto podría aplicarse también al sonido, y a la música, el cual genera un estado de artificio experimental que se relaciona directamente con lo narrado.
Cohn y Duprat no eligieron actores profesionales para El artista. Por más que pueda parecer un chiste interno sin gracia, un guiño del ambiente o un amiguismo boludo, ninguno de los actores realiza una mala performance, y en los casos de Sergio Pángaro, cantante de la banda Baccarat, y de Alberto Laiseca, escritor con el cual los directores ya habían trabajado en Cuentos de Terror por I-Sat, se trata de muy buenas actuaciones. Con respecto a Pángaro, quien interpreta a Ramírez, algunos críticos han mencionado que interpreta a su personaje sin gracia, inexpresivo, cuando en realidad se trata de la mayor virtud del actor ante este papel: Ramírez plantea siempre esa duda sobre si realmente quiere lo que está consiguiendo, si realmente es feliz siendo el artista cool del momento. Plantea un personaje tan misterioso y ambiguo que deja la puerta abierta para que el espectador piense que es o un fenómeno o un pelotudo. Y logra ese personaje sin exageraciones impostadas, defecto en el que tropiezan algunos actores de directores minimalistas. De hecho ha declarado que para crear a Ramírez se basó en el futbolista de Boca, el inexpresivo Juan Román Riquelme. En cuanto a Laiseca, quien interpreta al viejo, su tarea es fenomenal. En Cuentos de Terror caía en la exageración dramática que muchas veces transformaba a su personaje terrorífico en un viejo loco contando un cuento en un asado, sin embargo lo que logra en El artista es un laburo bárbaro. Se trata de un personaje que solo dice la palabra pucho, y que a simple vista es un viejo indefenso al que le roban las obras, pero en realidad logra una gestualidad tensa, cargada de poder, que quiere en todo momento explotar y no lo hace, lo cual genera un personaje muy poderoso, cargado de fuerza y con un carácter firme, siendo un viejo postrado en una silla de ruedas.
Con respecto al uso de no actores, en un momento de la película se genera una escena que no aporta mucho pero que puede resultar graciosa solo por el hecho de que los tres viejos seniles que están mirando el televisor en el geriátrico son el sociólogo y director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, el escritor Rodolfo Fogwill, y el artista plástico León Ferrari, quien también es productor de la película.
El guión está también realizado por un no guionista, que es Andrés Duprat, hermano de uno de los directores. El hecho de que sea curador de arte tanto en su vida real como en la ficción, le permitió un alto nivel de veracidad en cuanto a lo que se cuenta en la película sobre ese ambiente no tan conocido para el común de la gente. Quizás este detalle, lo hizo caer demasiado en cierta intención didáctica, es decir en encontrar la forma de que los no empapados en el tema puedan entender el ambiente y la historia.
Más allá de todo, incluso de que la obra a través de su título siga poniendo foco en los artistas, se trata de un serio cuestionamiento del espectador como integrante de la cadena socio-semántica de una obra de arte. El artista nos interroga como espectadores al plantear cierta pérdida de capacidad crítica de parte del público consumidor de arte, y la casi esclavitud que manifestamos ante los legitimadores del arte. Cuando se exhiben las obras en la galería, éstas no se ven (de hecho nunca se ven), sino que la cámara esta ubicada atrás de la pared, y el lugar donde están las obras es un espacio vacío, una ventana para espiar al espectador de esas obras, pero también es un espejo para vernos como espectadores, y notar que del mismo modo en que ellos son engañados, nosotros lo fuimos, lo somos y lo seguiremos siendo. El artista nos dice lo que no queremos escuchar, pone sobre el tapete el tema de las sucesivas concesiones críticas que hemos entregado a la crítica, a los propios artistas, a las autoridades, a los legitimadores en general.
A pesar de sus pocas fallas, El artista es una película que debe verse, para realizar ese sano ejercicio de sacudirle el polvo a las viejas preguntas sobre el arte. Cohn y Duprat debutan en el largometraje de ficción con una obra que los vuelve sin ninguna duda, cineastas a atender. Habrá que esperar la próxima, que ya están filmando estos directores, se llamará El hombre de al lado.

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