sábado, 28 de noviembre de 2009

La soledad del fin del mundo



Rodrigo Fresán. El fondo del cielo, Buenos Aires, Mondadori, 2009. 272 páginas



La historia de la Ciencia Ficción parecería ser un camino hacia delante, una historia cuya mutación sería la mayoría de las veces un cambio hacia futuro, una novedad, una renovación. No es común hallar intentos de ciencia ficción en reversa. Ni remontarse a los comienzos del movimiento, encontrar novelas que describan a los fanáticos de la ciencia ficción y al grupo de escritores, mucho menos encontrar la historia novelada de ese movimiento. El fondo del cielo, del argentino residente en Barcelona Rodrigo Fresán (1963), se plantea contar más que una historia de ciencia ficción, una historia con ciencia ficción sobre la ciencia ficción, tal como lo aclara el propio escritor.
La novela cuenta la historia de Isaac y Ezra, dos adolescentes norteamericanos de la década del 30’ que son fanáticos de la ciencia ficción. A través de ellos Fresán se mete en el mundo de los diferentes grupos de fans de la ciencia ficción adolescentes, de las publicaciones pulp y su auge de esos años, de las leyendas en torno a temáticas relacionadas con la ciencia ficción que giraban en el imaginario popular en esos años. De manera excelente, el autor logra darle una doble dimensión a todo ese movimiento, mostrándolos por un lado como simples adolescentes inofensivos consumiendo y produciendo a su modo la disciplina de moda, pero también como dueños de un conocimiento riesgoso, el del cambio tecnológico, la exploración del espacio y la ciencia en general. Esto queda demostrado en el hecho de que algunos de esos adolescentes terminaron siendo sencillamente escritores de ciencia ficción y otros integrados al ejército norteamericano en asuntos de ciencia militar, armas químicas, espionaje y movimientos terroristas paraestatales.
De este modo, El fondo del cielo no es únicamente la historia de dos adolescentes fanáticos de la ciencia ficción sino la historia progresiva del Apocalipsis mundial. Usando una narrativa con una temporalidad fractal como la de las películas de David Lynch, el autor ubica en un mismo eje múltiple a la Guerra Fría, la caída de las Torres Gemelas, la Guerra de Vietnam, la del Golfo, el bombardeo a Afganistán, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, el incidente Roswell, el Imperio Romano, los caballeros Templarios, entre otros hechos. De algún modo abona la idea no solo de la existencia de varias pulsiones apocalípticas a lo largo de la historia de la humanidad, sino de una acumulación de autodestrucción que invariablemente derivará en el final de todo.
De la misma manera que Fresán dialoga con acontecimientos acaecidos a lo largo de la historia, también lo hace con otros artistas, siendo quizás más notorias las referencias a Philip K. Dick, a Kurt Vonnegut (muy especialmente a Matadero cinco), y al cine de Andrei Tarkovskii.
Como en casi toda obra futurista, la cercanía con el discurso religioso, o la existencia de iluminados está presente. En este caso, Ezra, Isaac, y una muchacha que a pesar de no tener nombre es muy importante en la historia, escriben una novela sobre la cual termina girando la acción directa o indirectamente, ésta se titula Evasión. De esta novela se habla siempre misteriosamente, sin embargo, y a pesar que en ningún momento se explica por qué, es algo de vital importancia para la acción y sobre todo para los personajes.
Con respecto a la temática de la vida en otros mundos (tratada también por Fresán en Caras extrañas) hay una visión del tema como realmente secundario. En realidad más que secundario, se presenta como una discusión banal y obsoleta la de determinar si existe o no la vida más allá de nuestro planeta. “Para ser extraterrestre alcanza con sentirse extraterrestre” dice uno de los personajes y plantea otra de las ideas fundamentales en torno a esta historia. Los personajes, todos por diversos motivos, se sienten seres de otro mundo. Los verdaderos alienígenas sólo se dignan a observarnos desde un plantea llamado Urkh 24 (al que el autor mencionara en un libro anterior titulado Trabajos manuales) sin más intenciones de ver, decepcionados como nos destruimos. Sin embargo ellos en Urkh 24 sufren, y se extinguen más rápidamente que los humanos a causa de la perfección del planeta en el que viven. Este detalle es una muestra de la visión que Fresán tiene sobre el planteo apocalíptico: no se trata de un hecho trágico que todos sufrimos sino de una consecuencia lógica de cualquier entidad con vida, lo que nos pasa a nosotros, es decir el deterioro de nuestro planeta, nos iba a pasar tarde o temprano por una cuestión natural. Fresán escapa a la visión moralista de lo apocalíptico, optando por un planteamiento más calmo y tolerante.El fondo del cielo es una novela sobre la soledad. Sobre la soledad del ser humano ante tanta inmensidad cósmica, y sobre la forma en que esa soledad se transforma en acciones de sabotaje con el mundo en que vivimos. Quizás tediosa por momentos (el autor usa en esta novela de manera empalagosa e interminable las acotaciones entre guiones o entre paréntesis, que aparecen en casi todos los párrafos), El fondo del cielo es una gran novela. Fresán vuelve a demostrar que es un gran escritor, presentando una novela múltiple, sin confundir multiplicidad con acumulación de recursos o nodos de acción, sobre la condición humana a lo largo de los siglos. No es común en estos tiempos, un escritor que se proponga tratar la trascendentalidad cósmica del ser humano y salga tan bien parado, sin necesidad de caer en el libro de autoayuda o en el hurto de mitos de culturas ancestrales

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