lunes, 13 de julio de 2009

La cumbia de la historia

Washington Cucurto. 1810. La Revolución de Mayo vivida por los negros. Buenos Aires, Emecé Editores, 243 páginas.

Hasta hace un tiempo resultaba imposible encontrar en Uruguay cualquiera de los libros de Washington Cucurto (seud. de Santiago Vega, Quilmes, 1973). Pero el otro día, me encontré con la sorpresa de ver su último libro en una librería céntrica, 1810, acompañado de un ejemplar de La máquina de hacer paraguayitos (1999), su segundo libro de poesía, según el librero, recién llegados.
La obra de Cucurto está inserta en una línea muy desarrollada en la literatura argentina de los últimos años, una especie de under que intenta derrumbar el conservador y elitista sistema literario argentino, tomando como bandera el rescate de escritores que en diversos momentos del siglo emprendieron una batalla similar como Osvaldo y Leonidas, los hermanos Lamborghini, por momentos Manuel Puig, Néstor Perlongher o el propio Roberto Arlt. La voz de los bordes, los bajos fondos, pero sin intermediación letrada ni panfleto contemplativo. Dentro de esa línea podemos sumar al nombre de Cucurto, a Fabián Casas, Selva Almada, la cordobesa Cuqui, entre otros.
Pero no podemos desligar este nuevo rumbo, de editoriales que han incentivado este tipo de creaciones como Interzona, Vox, y fundamentalmente Eloísa Cartonera. Esta es una editorial fundada entre otros por Cucurto en 2002 en el barrio de La Boca, que trabaja junto a los cartoneros, en la elaboración de libros elaborados con el cartón recolectado por estos, distribuidos en los subtes, las ferias, etc. Muchos autores han cedido los derechos de sus obras a Eloísa Cartonera para que estos puedan llegar a todos a un precio popular.
1810 no es precisamente un libro de la editorial cartonera, pero el encare de Cucurto no traiciona la línea en la que se mueve en ella. Se trata de la versión de la historia de la independencia argentina contada a través de la importancia de los negros en la misma. Cucurto se toma toda la libertad de respetar la fidelidad de algunos datos y de inventar, versionar o burlarse de otros, no busca ser una parodia documental sino una versión absolutamente personal y subjetiva. Es así que descubrimos que el general San Martín es adicto a la marihuana y a acostarse con su ejercito negro que lo viva al grito de puto! puto!, de los cuales adora sus enormes miembros, que los integrantes de la Primera Junta, son unos borrachos, cobardes, partícipes de grandes bailes de cumb, la música negra del momento, y hasta que Cucurto es descendiente directo del libertador, fruto de un amor apasionado con una africana, Olga Cucurtú.
Más allá de lo gracioso, el logro de Cucurto es lograr denunciar que en realidad las independencias americanas son absolutamente virtuales, ya que pasaron de un poder opresivo y anti popular a otro, ya que quienes tomaron el poder son una burguesía a quien poco le interesaba el pueblo, el cual va a quedar históricamente desplazada por muchos años. Es interesante el clasismo del autor, quien plantea un rechazo constante a las clases dirigentes, mostrando con humor violento la desigualdad que ha dividido a Argentina a lo largo de su historia. Usa la historia de la historia para dejar en evidencia al presente: “Mi yo cucurtiano y omnipotente retoma la narración para el lado que se le antoje. ¡No puede ser todo medido en una novela histórica; cómo voy a saber lo que pasó hace doscientos años! Subrayen algo: la historia es copia, o fotocopia, del presente.”
Otra inquietud permanente de Cucurto es lo viciado que ve, desde su perspectiva, al ambiente literario argentino. Es de ese modo que en cualquiera de sus libros, el lector encontrará múltiples referencias a escritores, mechadas con la historia que está contando, a la cual, por cierto, nunca se ata. Es interesante ver como es un tema que realmente le preocupa al autor y el cual no puede eludir. En este libro, aparecen sobre todo en una batalla entre el ejercito de San Martín y el ejercito indio, tanto en un bando como en otro, los soldados Aira, Viñas, quien hace volar la cabeza de Mansilla, Cortázar y Gamerro. Pero también hay referencias a Borges a quien despacha con violencia algunas veces, otras lo recupera. Este tema aparece en el final del libro donde acusa a dos escritores famosos del siglo veinte de plagiar a dos manuscritos de escritores negros del siglo XIX ubicados en Berazategui, llamados Dama Tocada y El Phale. Los dos textos aparecen al final en el anexo Los papeles de Berazategui.
No llega al nivel de El curandero del amor (2006), pero es una novela imprescindible para meterse en la obra de Cucurto, sobre todo considerando que es la única que se distribuye en Uruguay. Pero quien realmente quiera conocer al verdadero Cucurto debe procurarse cualquiera de sus obras de Eloísa, donde indudablemente se siente más cómodo que en una grande editorial como Emecé. Con respecto a este cambio, que ha servido a muchos de sus detractores para acusarlo de “vendido” parece responderle el autor en un fragmento de 1810 cuando habla de los editores de la cartonera: “ Mi homenaje a esos editores, que además eran negros como yo, y creían en la literatura y la cultura (a diferencia mía), auténticos amanuenses y visionarios. Ahora en cambio estoy en manos de los editores blancos, y escribo como quien obedece: escribir es agachar cabeza.”

2 comentarios:

  1. buena reseña, amigo urugua!
    abraxxxos parawayensis pra vos
    pd. permiteme linkearlo en mi blog, plis, chera'a, (tiene karakú del puréte!)?

    ResponderEliminar