lunes, 13 de julio de 2009

José Parrilla. Profesor de Amor


De parte de todos aquellos que hablamos, escribimos, opinamos, sobre literatura, la tentación de dejarse encandilar por las luces de los grupos generacionales importantes para una literatura nacional es casi irresistible. Es indudable la fuerte presencia que ha marcado la Generación del 45’ en la literatura uruguaya, no solo en cuanto a su labor en la creación artística y crítica literaria en su cuarto de hora sino también en tanto yerra que marcó a los que vinieron después. Herencia pesada, esa yerra automatiza el discurso teórico, legitimando todo lo proveniente de los integrantes de esa generación, ignorando casi por completo la obra de quienes por diferentes motivos no formaban parte de aquel parnaso de mitad de siglo. En esa oscuridad casi total ha estado por más de sesenta años, el poeta José Parrilla.
Salvo por un fundamental artículo que Pablo Rocca publicó en El País Cultural a principios de 1994, rescatando de la indiferencia total a Parrilla, es imposible encontrar trabajos sobre su poesía, menciones en trabajos sobre poesía uruguaya, el medio siglo, antologías, etc. Esa nota carece de algunos datos que luego se completarían a la hora de incluir a Parrilla en el Diccionario de Literatura Uruguaya de Banda Oriental.
La obra de Parrilla consta de dos volúmenes de poesía, La llave en la cerradura, y Rey Beber, una especie de manifiesto, Elogio del miembro, un fragmento publicado en el semanario Marcha de una novela que nunca se llegó a editar titulada El cazador de moscas, y un poema suelto en la revista Apex. Toda su obra, salvo este poema publicado en 1942, fue publicada a lo largo del año 1943.
Se podría decir que su poesía contiene toda la fuerza de los surrealistas y dadaístas de principio de siglo, de hecho son reconocidas por el autor sus influencias de Rimbaud y Cocteau. Con respecto a Rimbaud, según cuentan sus compañeros de la época, Parrilla eligió publicar solamente dos libros de poesía intentando emular al francés, quien pasó a la historia de la literatura con sólo dos poemarios publicados. Sostenía que no hacía falta más que dos libros para dejar presente el valor de la obra de un poeta.
La otra influencia reconocida de Parrilla es Juan Carlos Onetti, y más específicamente su novela El pozo (1939). Según comentarios de sus allegados, solía comentarle y recomendar a toda persona que lo viera, la novela de Onetti, presentándola como la mejor novela escrita por un autor uruguayo. Todos los comentarios coinciden en comentar que Ediciones Ester, nombre inventado por Parrilla para llamar la “editorial” que publicaba toda su obra, está basado en el nombre de la prostituta de la novela de Onetti. De él también toma una idea que va a ser fundamental para entender toda su obra, al igual que Eladio Linacero, Parrilla idolatra a las mujeres adolescentes, casi niñas, sosteniendo que las mujeres solo son mujeres sensuales hasta que se casan: “me gustan las mujeres, hasta la edad en que les empieza a crecer la señora”. Son constantes las referencias a chicas de doce, trece, catorce años, de las cuales se enamora, a las cuales conquista, con las cuales dice tener sexo.
Pero no solo por su obra se lo puede vincular con el dada y el surrealismo, sino también en su concepción de poesía en acción, de unir, a la manera de los poetas dandys del 900’, obra y vida. Se dice que solía pararse en la avenida 18 de Julio, vestido con una bata roja de seda, a repartirle a las adolescentes unas tarjetas que decían: José Parrilla. Profesor de amor. Ese es el título de uno de sus mejores poemas.
Conocido animador de las tertulias literarias del Bar Yatasto primero, y del Sorocabana después, en esas noches se lo solía ver acompañado del pintor Raúl Javiel Cabrera “Cabrerita”, con quien lo unía una fuerte amistad, que de algún modo se volvió un poco difusa por el viaje de Parrilla, primero a España y luego a Niza, Francia, y por la internación del pintor. En Francia fundó una especie de secta que renunciaba a ciertos vicios como el tabaco o el alcohol, de la cual fue su líder hasta su muerte y a la que llamó Esterismo.
Pero más allá de todo era un gran poeta. Y aunque se haya querido ocultar su importancia, a través de las palabras de algunos protagonistas de la época que conocieron su obra, podemos percibir que fue fundamental su influencia en la obra de Humberto Megget, Juan Fló, Aguiar Barrios, Carlos Brandy. Absolutamente ignorado por sus coetáneos de la Generación del 45’, disminuido a la categoría de mero surrealista tardío, la obra de Parrilla, pide salir a la luz, sabia pues la oscuridad se vuelve luz con el tiempo, exigiendo que esa indiferencia se vuelva presencia y todo “eso hasta hoy, y hasta que ustedes se venguen de mí, y me hagan inmortal”.


2 comentarios:

  1. Pibe, me parece excelente tu "crónica briográfica" sobre José Parrilla, llegue aquí buscando información sobre el autor después de despertar mi interés sobre lo peculiar de su 'personaje' en la obra de Eduardo Cervieri "Cabrerita"...
    Es fundamental el rescate de estos integrantes de la cultura! Gracias!!

    Ceci.-

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  2. Buen comentario, aunque no muy acertado lo de la secta, no era una secta, ahí ves, te equivocaste.

    un saludo

    Violeta Alvarez Parrilla.
    alvarezparrilla@hotmail.com

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