viernes, 13 de febrero de 2009

La utopía del revoque


Jorge Palma, Lugar de las utopías, Montevideo, Trilce, 2007. 133 páginas


Qué gran desafío representa llamar a un poemario Lugar de las utopías, en tiempos en que las grandes utopías unificadoras del siglo pasado parecen haber desaparecido, muertas de inanición o transformadas en clisés: suavizadas hasta que todo pierde sentido. Así se llama el último libro del poeta Jorge Palma (Montevideo, 1961), quinto volumen de poemas de la obra que comienza con Entre el viento y la sombra (1989), El olvido (1990), La vía Láctea y Diarios del cielo, ambos publicados en 2006.
El rasgo más notorio en la poesía de Palma es la narratividad. En muchas de sus poesías el autor parece estar relatándonos diversas historias, siguiendo las reglas tradicionales del relato. Estos “relatos” reflejan inquietudes diversas aunque hay determinadas temáticas que parecen inquietar al autor más que otras. Son reiteradas las apariciones del amor, que sobrevive a pesar de todo, de la religión, con un Dios que crea la perfección y luego la abandona, del caos del mundo actual, que olvida el valor real de la vida.
Estas poesías reflejan la cotidianeidad, e intenta penetrar en ella para encontrar la esencia de la vida, en el transcurrir diario de hombres y mujeres comunes.
Lugar de las utopías parece tener un guión, que inicialmente desarrolla los estados de situación actual, para luego presentar esa especie de no lugar que vendría a ser la utopía, región donde todo lo antes dicho puede cambiar.
Las primeras partes, muestran lo mejor de la poesía de Palma, ese poeta que no soporta más el mundo en que vive y dice basta, harto de que se siga extraviando en la nada todo aquello que para el poeta verdaderamente importa. Este mundo se presenta carnavalizado, invertido con respecto al orden natural, y eso es lo que parece inquietarlo, aquí se culpa exclusivamente al hombre y el tratamiento que hay de la religión es más contemplativo que en Diarios del cielo, donde el poeta enfrenta cara a cara a su dios y lo interroga.
A medida que avanzan las poesías, la fuerza poética va disminuyendo, quizás debido a que el autor cae en exceso en la visión optimista y moral del futuro y el cambio social. La mirada hacia el pasado también sufre estos síntomas, ya que progresivamente se pasa de cierto recuerdo fantasma, difuso, tan alegre como triste, a una infancia perfecta, idílica, tratado con exaltación romántica. Queda la duda si la progresiva ingenuidad que van tomando las poesías en este volumen, es usada por el autor para ironizar el lugar de la utopía o si realmente lo imagina así y espera confiado el paraíso terrenal.
En cualquiera de los dos casos, el motivo es válido, ya que nos presenta un poeta que no tiene necesidad de engañarse a sí mismo para aparentar nada. La cuestión es que una poesía que potencialmente podría ser muy contundente se nos pierde en esperanzas ingenuas.
Quizá tenga razón, y sea hora de empezar a mejorar este mundo, este mundo que “está sin revocar”.

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