viernes, 13 de febrero de 2009

El color de la transparencia


Matías Paparamborda. El luchador invisible. Montevideo, Hum Editor, 2007


Escrita mayormente en forma de diario personal, El luchador invisible es la primer novela de Matías Paparamborda (Montevideo, 1981), editada por la recientemente fundada Editorial Hum, la cual a pesar de su corta vida ya lleva publicadas varias obras de importancia.
Más allá de las características especiales que cada artista pueda imprimirle a la forma diario, sabemos de antemano qué cosas nos podremos encontrar en una obra escrita en este formato, para decirlo más claramente, el latido especial y único que genera la escritura en primera persona, con una importante dosis de intimidad, con una ambición subterránea de pasar de lo más privado a la esfera de lo público. Esta novela, escrita de ese modo, más allá de estar escrita con un toque personalísimo no traiciona las reglas del formato. El hecho de que se trate de un diario que no surgió como un texto a publicar permite una honestidad artística que deriva inexorablemente en poesía, tipo especial de poesía ya que es la poesía del momento, la que surge más allá de raciocinios y voluntad, la que llega y se instala en lo escrito más allá de que se pretenda lo contrario. Eso es lo más interesante de esta novela, la comprobación de que más allá de una intención de narrar de forma prosaica, sucesos reales, a veces sin más atractivo que el hecho de ser cotidianeidades, al provenir de esa zona en que no penetran las reglas de la razón y el intelecto, brotan en su estado más bruto, más “salvaje” y presentan todas las anotaciones realizadas en el diario iluminadas por una luz absolutamente poética.
Con esto no se pretende decir que el valor de El luchador invisible radique únicamente en la habilidad de Paparamborda de abrir su corazón de par en par ante la escritura. Ante todo estamos en presencia de la obra de un escritor, el cual demuestra una habilidad narrativa que le permite siempre escapar de la cursilería, riesgo que presentan los temas tratados en la obra. De estos inminentes peligros, el escritor sale bien parado por su oficio y por una intención muy clara desde el primer momento de no realizar una obra melodramática ni metafísica.
El narrador relata a través del diario, la agonía de su padre enfermo, hecho que dispara el repaso de su relación con él, aquello que los une y lo que los separa definitivamente. Hay un permanente viaje al pasado en común, intercalado con el presente y la forma en que el estado de su padre influye en la actualidad, ya sea a través de una reformulación de las preguntas que constantemente recorren el pasaje del ser humano por este mundo, preguntas que una situación límite hace aflorar, ya sea a través de voces interiores, sueños, sucesos misteriosos, paralelismos. Todo esto se funde en una de las obsesiones de la novela, la visibilidad de lo transparente, la forma en que lo invisible, lo ausente, es mucho más material y presente que las presencia visibles y palpables: la ausencia como un Todo, opuesto a la Nada.
En cierto modo, El luchador invisible está emparentada con El discurso vacío de Mario Levrero, no en cuanto a una reescritura de esta por parte de Paparamborda, sino en cuanto a un mismo camino de creación, no solo formal sino en cuanto a la forma en que se comienza a esfumar la línea divisoria entre realidad y ficción, lo privado y lo público, lo poético y lo cotidiano. Lo difuso de lo visible, y el nítido color de la transparencia.

La utopía del revoque


Jorge Palma, Lugar de las utopías, Montevideo, Trilce, 2007. 133 páginas


Qué gran desafío representa llamar a un poemario Lugar de las utopías, en tiempos en que las grandes utopías unificadoras del siglo pasado parecen haber desaparecido, muertas de inanición o transformadas en clisés: suavizadas hasta que todo pierde sentido. Así se llama el último libro del poeta Jorge Palma (Montevideo, 1961), quinto volumen de poemas de la obra que comienza con Entre el viento y la sombra (1989), El olvido (1990), La vía Láctea y Diarios del cielo, ambos publicados en 2006.
El rasgo más notorio en la poesía de Palma es la narratividad. En muchas de sus poesías el autor parece estar relatándonos diversas historias, siguiendo las reglas tradicionales del relato. Estos “relatos” reflejan inquietudes diversas aunque hay determinadas temáticas que parecen inquietar al autor más que otras. Son reiteradas las apariciones del amor, que sobrevive a pesar de todo, de la religión, con un Dios que crea la perfección y luego la abandona, del caos del mundo actual, que olvida el valor real de la vida.
Estas poesías reflejan la cotidianeidad, e intenta penetrar en ella para encontrar la esencia de la vida, en el transcurrir diario de hombres y mujeres comunes.
Lugar de las utopías parece tener un guión, que inicialmente desarrolla los estados de situación actual, para luego presentar esa especie de no lugar que vendría a ser la utopía, región donde todo lo antes dicho puede cambiar.
Las primeras partes, muestran lo mejor de la poesía de Palma, ese poeta que no soporta más el mundo en que vive y dice basta, harto de que se siga extraviando en la nada todo aquello que para el poeta verdaderamente importa. Este mundo se presenta carnavalizado, invertido con respecto al orden natural, y eso es lo que parece inquietarlo, aquí se culpa exclusivamente al hombre y el tratamiento que hay de la religión es más contemplativo que en Diarios del cielo, donde el poeta enfrenta cara a cara a su dios y lo interroga.
A medida que avanzan las poesías, la fuerza poética va disminuyendo, quizás debido a que el autor cae en exceso en la visión optimista y moral del futuro y el cambio social. La mirada hacia el pasado también sufre estos síntomas, ya que progresivamente se pasa de cierto recuerdo fantasma, difuso, tan alegre como triste, a una infancia perfecta, idílica, tratado con exaltación romántica. Queda la duda si la progresiva ingenuidad que van tomando las poesías en este volumen, es usada por el autor para ironizar el lugar de la utopía o si realmente lo imagina así y espera confiado el paraíso terrenal.
En cualquiera de los dos casos, el motivo es válido, ya que nos presenta un poeta que no tiene necesidad de engañarse a sí mismo para aparentar nada. La cuestión es que una poesía que potencialmente podría ser muy contundente se nos pierde en esperanzas ingenuas.
Quizá tenga razón, y sea hora de empezar a mejorar este mundo, este mundo que “está sin revocar”.