viernes, 26 de diciembre de 2008

El lector de Hilos. 101 años de Renau



La obra del valenciano Josep Renau (1907-1982) es bastante desconocida por estos lados. Pero si tantas veces, por omisiones como esta, los habitantes de estas tierras nos sentimos desinformados, desactualizados, ignorantes con respecto a los artistas de otras partes del mundo (cuando no Uruguay), en el caso de Renau, podremos disminuir la cantidad de azotes en nuestras espaldas, ya que incluso en su lugar de origen, España, la producción de este artista que ha atravesado casi todo el siglo XX, ha sido descubierta y revalorizada en los últimos años. Los motivos pueden ser varios, y siempre en el terreno de la especulación. Uno puede ser la inmensa movilidad geográfica, que tuvo la vida de Renau. Comienza su carrera en España, hasta que por causa de la dictadura de Franco se exilia en México, donde se establecen los principios de su creación, para terminar en Berlín Oriental donde su producción madura. En este sentido el derrotero del valenciano se emparenta curiosamente con el de otro valenciano también revalorizado tardíamente como es el escritor Max Aub.
En sus comienzos Renau, trabaja en el terreno del cartel publicitario, trabajando en revistas valencianas. Estamos hablando de comienzos de la década del 30, por esos tiempos también se produce su afiliación al Partido Comunista y su participación en la fundación de la Unión de Escritores y Artistas Proletarios.
Durante la guerra antifascista fue uno de los cartelistas más destacados dentro de la propaganda republicana. En 1936, bajo el gobierno republicano del gabinete de Largo Caballero es nombrado Director General de Bellas Artes. Es en función de ese cargo que realiza una acción fundamental para la preservación del patrimonio artístico español: traslada más de cinco mil cuadros de los principales museos españoles a la Sociedad de Naciones en Ginebra. Sin esta acción quizás hoy no sería posible apreciar determinadas obras de arte que habrían sido destruidas por un régimen de intolerancia y estupidez como fue el de Franco.
También, valiéndose de este cargo, es el encargado de organizar el pabellón de España para la Exposición Internacional de París en 1937. En la misma exponen Joan Miró, Luis Buñuel, y hasta el propio Renau. Siguiendo un encargo suyo, Pablo Picasso crea una de las obras más importantes del siglo, el Guernica.
En 1939, encontrándose el valenciano en Barcelona, y obligado por la toma de la ciudad por las tropas fascistas, parte hacia Paris, y de allí hacia la ciudad de México.
En México se integra al movimiento del muralismo mexicano, trabajando activamente con David Alfaro Siqueiros. Es en América donde Renau, deja casi de lado el trabajo del cartelismo para comenzar cada vez con más fuerza a incursionar en un género donde brillará los años posteriores, el fotomontaje. La cercanía con los Estados Unidos, en un momento en que esta nación se encuentra en plena explosión de su economía motivada por el fortalecimiento que le generó su posición en la Segunda Guerra Mundial, lo inspira a elaborar los primeros trabajos de fotomontaje político que luego integrarán el volumen The American Way of Life de 1947.
Ya en Berlín Oriental reúne su obra de fotomontaje en tres tomos paradigmáticos del género: además de su ya nombrada obra de 1947, se suman Fata Morgana USA (1967) y Uber Deutschland.
Su obra está poblada de imágenes de circulación masiva, al igual que el dadaísmo berlinés de John Heartfield o George Grosz, nutriéndose casi exclusivamente de la multiplicidad de imágenes relacionadas al consumo y al statu quo que proporcionaba la publicidad. En sus fotomontajes no usaba fotografías tomadas por él mismo, sino que trabajaba sobre todo con revistas como Life, Fortune, o periódicos como The New York Times, los medios más radicalizados en el esfuerzo por consolidar una hegemonía del capitalismo cultural a través de la imagen. Renau delata los rasgos más alienantes de la publicidad, y lee en ella los subtextos que la recorren, el apoyo a la militarización y a la carrera armamentista, el racismo, la represión. Su objetivo central parecería el de desnudar la hipocresía de la sociedad norteamericana, esfuerzo que también intentó el fotógrafo Robert Frank con su serie The Americans en 1958.
Podríamos decir que de algún modo, la obra de Renau anticipa al Pop Art, en su obsesión por trabajar el tema de la cultura de masas y los mitos consumistas, empleando una iconografía popular y llamativa, apostando a una funcionalidad óptica.
Renau distinguía entre el fotomontaje y el fotocollage. Mientras en éste último importa más que nada el acto de asociación de elementos, a través de la ruptura de los lenguajes tradicionales y su reflexión, en el fotomontaje en tanto, el interés se desplaza hacia el contenido semántico, presenta una suprarrealidad, sería una radiografía de la realidad.
En 1937, en polémica con el artista español Ramón Gaya, Renau afirmaba: “… en el artista que hace carteles, la simple cuestión del desahogo de la propia sensibilidad y emoción no es lícita ni prácticamente realizable si no es a través de esa servidumbre objetiva, de ese movimiento continuado de la ósmosis emocional entre el individuo creador y las masas.” Hoy estos principios nos pueden parecer muy lejanos y anacrónicos. Pero siempre es importante repasar la obra y la vida de artistas lectores de su tiempo. Porque ser un artista político, no indica necesariamente hacer propaganda, basta con leer, de la manera en que sepa o elija leer el artista, esos hilos casi invisibles que siempre, pero siempre, unen a una obra de arte con su tiempo.

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